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El Kanka

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Es un delincuente. Corre por la calle: zapatos negros, pantalón negro, chaleco y corbata negros sobre camisa negra. Camisa negra plantada de miles de flores blancas. Camisa  suelta, volando alegre al viento intentando seguir su carrera y no quedar atrás. En la mano un bote de pintura. Le persigue la rutina. Suelta el bote. Total, está vacío, ha cumplido su tarea: devolverle lo que creía perdido.

Tropieza con una mujer mayor con el tiempo justo para evitar que la mujer caiga, al tiempo que le susurra “perdón” con una sonrisa. Ojos pícaros, mirada pícara, sonrisa pícara. La mujer se ríe: con la sonrisa, le ha devuelto la juventud y la felicidad que creía perdidas.

La rutina pasa sobre ellas: sobre la mujer, sobre la sonrisa, sobre la juventud y la felicidad perdidas. Se ha roto el momento, pero no se ha roto el recuerdo. Se levanta, sonriente aún.

Salta por encima de la cesta de la bicicleta que surge veloz por una esquina. Encima de la bicicleta, la chica. La chica lleva un ramo en la cesta. Él al vuelo pilla una flor y se la pone en la boca (en la de ella, no en la de él, la que intenta cerrar la rutina). Ojos pícaros, mirada pícara, sonrisa pícara. La chica no puede evitar reírse: con la sonrisa le ha devuelto la ilusión que creía perdida.

La rutina pasa sobre ellas: sobre la bicicleta, sobre la boca, sobre la flor, sobre la ilusión perdida. Le ha destrozado la bicicleta, ha pisado la flor, pero no podrá romper su aroma. Se levanta, sonriente aún.

Finalmente choca contigo. Vacila al verte gris, con los bolsillos llenos y el corazón vacío. Eso podría costarle que le atrapara la rutina. Ojos pícaros, mirada pícara, sonrisa pícara. Te susurra dos palabras mientras te sonríe. Al principio no consigues entenderlas, hasta que las lees sobre el muro del fondo, del fondo gris.

Dos palabras. Las lees. Sonríes. Le guiñas un ojo mientras sigue corriendo, sonriente: ha cumplido su tarea, devolverte lo que creías perdido. La rutina no pasará sobre ellas: vuestras sonrisas.

Ah, por cierto, su delito: un escrito sobre el muro gris que te limita el infinito. Dos palabras:

A desobedecer

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