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La Luna…

La Luna… published on

Hoy, sacando a mear a los perros (ellos preferirían pasear, pobres), la he vuelto a ver. Majestuosa, la más bella de todas. Hace años que nos mira y nos cuida, desde la oscuridad de la noche.

Cuando está contenta, nos lo ilumina todo. Incluso cuando está cansada y mengua, su belleza es aún más destacable, porque sigue allí, apagándose pero dedicándonos su atención.

Uno o dos días al mes se esconde, porque no quiere que la veamos débil.

Pero después de estos dos días vuelve a crecerse, hermosa de nuevo, recuperando el brillo y dejándonos entrever, de nuevo, la esperanza de creer que siempre estará con nosotros.

Dicen que sólo es un reflejo de la luz solar.

El Sol… menudo imbécil. Fatuo, pomposo, sapo pagado de sí mismo cuando no es más que un accidente fruto de su propio sobrecalentamiento. Tan pendiente de sí mismo como «rey de la creación», consciente de que la vida sólo es posible gracias a su luz, olvida que la vida sólo merece ser vivida gracias a la hermosura de la luna, que refleja lo mejor de él.

Y sí, todo esto es una metáfora.

El hombre pomposo, que cree que la mujer es hermosa sólo como reflejo de su propia vanidad (la de él), mientras que la realidad (trista y vacía, como siempre) es que sin ella (la mujer), él no es más que un cuerpo demasiado caliente.

Vaya por delante, o por detrás ahora que acabo este desvarío de medianoche, que soy machista. Soy un profundo defensor de la diferencia y la discriminación. Siempre que pueda dejaré pasar a una mujer por delante mío; siempre la acompañaré a casa; siempre intentaré cargar sus paquetes (cuando el paquete soy yo) y siempre intentaré piropearla. Porque en esto consiste «ser un hombre». No se trata de protegerla (no podemos), ni de satisfacerla (no sabemos), ni de ser su superior (no lo somos). Se trata de devolverle parte del soporte que nos ha dado toda la vida: como madre, como amiga, como hija.

Dios creó la mujer de la costilla del hombre, pero no lo hizo porque se sintiera solo, como dice la Biblia (escrita por hombres), lo hizo porque, idiota como es Él, cometió el error de crearlo a su imagen y semejanza. Y, como Él es perfecto (porque en realidad Dios es mujer), se dió cuenta de que sin ella (la mujer) él (el hombre) está incompleto.

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