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El último instante

Yace en el lecho. A su lado, la esposa y los chicos. Los chicos… y los chicos de sus chicos. Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la vio por vez primera, desde el rincón de la discoteca donde sus amigos le habían obligado a ir. Amor a primera vista.

Recuerda cómo la siguió a la calle, despidiéndose de los amigos. Cómo la siguió, de lejos, no para acecharla, sinó porque no podía evitarlo. Recuerda su sonrisa, haciendo adiós con la mano a las amigas al empezar a cruzar la calle. Recuerda el chirriar de los neumáticos, el coche que surgió de la nada y se lanzó sobre ella. Recuerda que ni lo pensó: salió a la carrera desde detrás del árbol, corrió como nunca en la vida y la empujó, quedando al alcance del coche.

Recuerda poca cosa más de aquella noche. Pero es feliz, en el lecho, con ella cerca. Y los chicos, y los chicos de sus chicos. Cierra los ojos y deja que la oscuridad lo envuelva: ha sido una buena vida.

– Hora de la muerte: las cuatro de la madrugada – dice el médico -. Mierda, es muy joven, ¿qué carajo ha pasado?
– Un borracho iba a atropellar a una chica y el chaval ha saltado en medio para salvarla.

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